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26 de diciembre de 2024

Lino Gallardo y el Himno Nacional de Venezuela.

Lino Gallardo, nació en La Sabana de Ocumare, en el año 1773, fueron sus padres Rudesindo Gallardo y Bárbara Timotea Aguado, ambos pardos libres. Gallardo quedó huérfano a temprana edad. Fue rescatado por Juan Manuel Olivares, quien era músico, violinista, organista, compositor, y constructor de instrumentos musicales, este lo llevó a su casa y lo alojó hasta 1792; en este hogar recibió sus enseñanzas musicales.

Últimamente han aparecido algunas partituras de puño y letra de Gallardo que, con un mínimo margen de duda, muestran que la primera versión del Himno Nacional de Venezuela fue escrito por él, con letra del padre de la ortografía actual de la lengua hispana Andrés Bello.

El 26 de diciembre de 1794 contrajo matrimonio  con María del Carmen Araujo y al enviudar se casó con María Catalina Pereira, el 30 de abril de 1799, con ella, tuvo tres hijas: María Josefa, Eladia de la Merced y Francisca de Paula. Una de ellas, María Josefa, fue profesora de piano.

Lino Gallardo fue compositor, director, y músico venezolano, conocido por su patriotismo. Muy apreciado en su tiempo y un gran ejecutante del violín, violonchelo y el contrabajo. Fue director de orquesta y estuvo muy ligado a las actividades políticas de la gesta independentista. Su nombre apareció como el autor de la canción “Caraqueños, otra época empieza” cuya letra sería de don Andrés Bello. También es el autor del poema patriótico llamado “Canción Americana”.

El Libertador Simón Bolívar sentía mucho aprecio y admiración por él y lo trataba como un compadre dado que su hija, María Josefina, era ahijada de don Juan Vicente Bolívar (hermano del Libertador). En 1824, Gallardo fue nombrado maestro mayor de música de Caracas.

La música acompañó el proceso independentista venezolano. El género más característico de este período fue la llamada Canción Patriótica, cuyo objetivo era exaltar los ánimos revolucionarios y generar conciencia de identidad colectiva. Sirvió a los intereses monárquicos antes del 19 de Abril de 1810, y en franco contrapunteo a los afectos republicanos y realistas después de esa fecha. A Lino Gallardo, se le ha atribuido, si no la música completa, al menos su participación en la composición de la canción patriótica “Gloria al bravo pueblo”, que el 25 de mayo de 1881, Guzmán Blanco declaró como el Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. En el decreto firmado, no son mencionados los autores de la letra ni su compositor, lo que causó opiniones encontradas en torno al tema. Por ello cuando fue publicada la partidura donde se señalaba a Juan José Landaeta como el compositor del Himno, y a Vicente Salias como el autor de la letra, esto causó gran desconcierto y descontento entre muchos de los conocedores de la época.

Lino Gallardo es autor de la Canción Americana (1811), de la canción patriótica Tu Nombre, Bolívar, la Fama Eleva (1827) y naturalmente del Gloria al Bravo Pueblo (1810). Fue el Gloria al Bravo Pueblo el canto que tuvo mayor aceptación y más rápidamente se popularizó; tanto llegó al corazón de la gente, que se arrullaba a los pequeños para dormirlos con el "Duermase mi niño..." con la música del Himno Nacional, lo cual también servía como contraseña ante cualquier circunstancia.

Pese a todos los elementos a favor de Andrés Bello y Lino Gallardo como autores del Himno Nacional, oficialmente se tiene, hasta ahora, a Juan José Landaeta y a Vicente Salias como los autores del mismo. Lino Gallardo murió en Caracas, el 22 de diciembre de 1837. 

El investigador y estudioso de la música, Alberto Calzavara, en su libro “Historia de la música venezolana” (1987, página 137), explica de manera irrefutable, que nuestro Gloria al bravo pueblo, nació como un canto emocional, en un momento de inspiración patriótica, en los mismos albores de la independencia.

Según las investigaciones de Calzavaras, el compositor de la letra del Himno Nacional fue el maestro Andrés Bello.

Con respecto al autor de la música de nuestro Himno Patrio, el investigador subraya,que ya para 1840, esta canción se conocía como la “Marsellesa Venezolana”, y reafirma que la misma es obra de nuestro fecundo compositor Lino Gallardo, quien interpretó felizmente en ella el ardor épico de nuestros pueblos en la época gloriosa de la independencia nacional.

El nombre de Lino Gallardo, según Calzavaras, aparece en partituras antiguas del Himno Nacional, lo que no ocurre con Juan José Landaeta.

Lino Gallardo, fue uno de los pocos pardos que desde el principio apoyaron el movimiento revolucionario. Luego del 19 de abril, se le veía recorrer las calles de la capital entonando las canciones patrióticas de la época.

Para los que nunca han escuchado el Himno Nacional de Venezuela en su compás y letra original.
Interpretado con instrumentos antiguos, en su ritmo 4/4 y estrofas originales: Bartolomé Díaz, guitarra del siglo  XIX, Ernesto Leston, oboe del Siglo  XVIII y Carlos Godoy tenor.
Música de Lino Gallardo y versos de Andrés Bello. 

Así se cantaba y así lo escuchó Simón Bolívar.

Esta edición es de 1864 y  se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.

Tomado de: http://www.efemeridesvenezolanas.com/html/himno.htm

https://www.venezuelatuya.com/biografias/lino_gallardo.htm

http://www.eduparra75.com/2007/01/el-verdadero-himno-nacional-de.html

24 de diciembre de 2024

Un eco en el corazón de los tuyeros.

     
En Ocumare, en el corazón del Tuy, donde el tiempo parece transcurrir más despacio que en otros lugares, está ubicado el Liceo Juan Antonio Pérez Bonalde. Sus aulas, testigos mudos de sueños y anhelos adolescentes, vieron pasar generaciones de estudiantes que, con el paso de los años, se convirtieron en los lideres de la comunidad.

Pero en aquella época, en los años sesenta, el liceo representaba mucho más que un simple centro educativo. Era un faro de cultura, un espacio donde se recibían las mentes más brillantes de Venezuela. Semanalmente, sus pasillos se engalanaban con las ideas de intelectuales como Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, José Ramón Medina y Luis Pastori, quienes compartían sus conocimientos con los jóvenes estudiantes.

Una tarde, mientras el sol se filtraba por las ventanas, traspasando el follaje de los arboles de la plaza Ribas, un acontecimiento histórico tuvo lugar en el liceo. Don Pablo Neruda, el poeta chileno cuya conexión con la naturaleza y la sociedad conmovía a todo un continente, visitó este rinconcito del Tuy. Sus versos, cargados de pasión y esperanza, resonaron en las paredes de la institución, y su eco creó un momento mágico. Neruda con su mirada penetrante, había encontrado en Venezuela una inspiración profunda, una tierra que luchaba por su identidad y su libertad.

Los estudiantes, conmovidos por la presencia del gran poeta, se sentían parte de algo más grande que ellos mimos. En aquellos años, el liceo era un hervidero de ideas y debates. Jóvenes comprometidos con la causa democrática y otros entusiasmados con la revolución cubana, convivían en armonía, demostrando que la diversidad de pensamiento podía coexistir con el respeto mutuo.

Hoy, algunas décadas después, algunos de aquellos estudiantes recuerdan con nostalgia esos años. El liceo había sido su hogar, su refugio, el lugar donde habían forjado amistades que se mantendrían en el tiempo. Y aunque el mundo ha cambiado mucho desde entonces, el espíritu de aquel liceo sigue vivo en el corazón de quienes han tenido la suerte de estudiar allí.

El liceo Juan Antonio Pérez Bonalde, la primera casa de estudios del Tuy, ha sido mucho más que un simple edificio. Representa un crisol de ideas, un semillero de talentos y un lugar donde la poesía encontró un eco profundo en el alma de los tuyeros. Y así, seguro estoy, su legado perdurará por siempre, como un faro que ilumina el camino de las nuevas generaciones.

En la gráfica: la Profesora Agustina Martineau de Hernández, Subdirectora del Liceo Pérez Bonalde, el Poeta Pablo Neruda, el Profesor Mendoza, Director del Liceo y el Estudiante Ángel Rafael Orihuela (quien en el futuro sería Ministro de Sanidad y Asistencia Social y Profesor de la UCV).

23 de diciembre de 2024

Mis recuerdos de Ocumare.

Ocumare era como un museo viviente para mí. Cada rincón, cada sonido, cada aroma, eran pinturas que se grababan en mi memoria. Las tardes, especialmente, eran mágicas. El sol empezaba a despedirse, tiñendo el cielo de colores cálidos,  mientras el olor a cuero curtido y madera recién cortada, se mezclaba con el perfume de las flores silvestres.

 Mi abuela me tomaba de la mano y salíamos a recorrer el pueblo. Los artesanos, con su manos curtidas por el trabajo, creaban verdaderas obras de arte. Veía como las alpargatas cobraban vida bajo las hábiles manos del talabartero, y los sombreros de cogollo se transformaban en elegantes accesorios. El aroma del barro cocido me llevaba hasta los alfareros, donde las tinajas y pimpinas tomaban forma en sus manos.

Pero lo que más me gustaba era el río Ocumarito. Su aguas cristalinas nos invitaban a bañarnos, mientras las abuelas aprovechaban para lavar la ropa. Mi abuelo, con su paciencia infinita, me enseñaba a lanzar el anzuelo. Y cuando por fin sentíamos el tirón de un pez, la emoción era indescriptible. Después, con leña recolectada en los alrededores, preparábamos un delicioso sancocho de corroncho. El sabor ahumado de la sopa se mezclaba con las hierbas aromáticas, creando un plato que era una verdadera fiesta para el paladar.

Al caer la noche, nos reuníamos alrededor de una fogata. Mi abuela nos contaba las historias de Mauricio, el encanto y de fantasmas y duendes que habitaban por las montañas de La Guamita. El manto de la noche nos envolvía con una sensación de ternura y bienestar.

Aquellos días en Ocumare fueron los más felices de mi infancia. Los paseos por el pueblo, el olor a tierra mojada, el sabor del sancocho, pero sobre todo, la calidez de las personas que allí vivían, quedaron grabados en mi corazón. Cada vez que cierro los ojos, puedo volver a sentir la emoción de aquellos años.