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1 de mayo de 2024

El Santo Madero de Ocumare del Tuy


El mes de mayo en Ocumare llega con el susurro del viento que arrastra el aroma a tierra mojada de las esperadas lluvias. En todos los rincones de los Valles del Tuy, el aire se convierte en un lienzo donde se pinta la fe de un pueblo que, desde hace más de ciento cincuenta años, aguarda que el Santo Madero florezca para agradecer por la vida y la semilla sembrada.

El ritual comienza en la penumbra del primero de mayo. En las casas de los sectores más antiguos, las manos expertas de las matronas inician el acto de "vestir la cruz". No es un simple adorno; es un acto de amor. En el sector Chaparral, los Machillanda desdoblan pliegos de papel de seda que parecen alas de mariposas, mientras en Corocito, la familia Cámpelo instruye a los más jóvenes en el arte de tejer palmas que conservan el verdor del Miércoles Santo. La madera, ese eje del mundo que une lo terrenal con lo divino, se cubre de cintas que son promesas y de flores que son oraciones mudas.

Al llegar el tres de mayo, Ocumare se convierte en un santuario de luz. En Sabana de la Cruz, el aire se llena con el sonido ancestral de un cacho de ganado —el mismo que resguarda Efraín Segura—, un objeto que late con la memoria de su abuela y que antaño llamaba a los peones a la faena, pero que hoy convoca a las almas al velorio.

El "Llamado de la Cruz" abre paso a la solemnidad. El rosario se desgrana en las cuentas de los fieles: un murmullo rítmico que prepara el espíritu para el estallido de la fulía. Entonces, el silencio sagrado cede ante la madera herida del cuatro y el pulso vibrante de la tambora. Los cantores elevan sus voces y, en el duelo poético de las decimas, los poetas populares lanzan sus versos improvisados como flechas de ingenio. "Donde canta loro real, no canta cucarachero", se oye decir entre las rimas que honran a Santa Elena y piden por la salud de los enfermos.

Bajo el resplandor de los velones, el paladar también celebra su rito. El carato de maíz cariaco, con clavo y guayabita, refresca las gargantas cansadas de tanto cantar. El majarete, con su blancura de luna y su manto de canela, se reparte en los platos como un manjar celestial que sabe a infancia y a hogar. Es la comunión de los sabores, el banquete de la fertilidad donde el papelón y el coco sellan el pacto entre el hombre y la tierra.

De pronto, el juego del Monigote rompe la seriedad de la noche en Chaparral. Entre risas y picardía, los asistentes entregan prendas y cumplen penitencias, recordándonos que lo sagrado en el Tuy siempre camina de la mano con la alegría de vivir. Es una danza sin baile, una fiesta de pies quietos pero corazones al galope, respetando el madero que preside el altar.

Pero el ciclo de la cruz es un camino que no se detiene. Durante todo el mes, cada sábado es una vigilia nueva, hasta que el treinta y uno de mayo llega la "coronación". La cruz recibe su diadema de flores y, a la medianoche, se produce el relevo de los misterios. El lienzo blanco baja para tapar al Santo Madero y el repique de las tamboras cambia su acento. Ya no es el ruego por la lluvia, sino el anuncio del trueno y el sol. Mayo se despide en Ocumare entregándole la posta a San Juan Bautista, mientras el eco de los versos de los cultores se disuelve en el rocío del amanecer, con la certeza de que, mientras haya un cacho que suene y una tambora que repique, la Cruz de Mayo seguirá floreciendo en el alma de los tuyeros.

29 de febrero de 2024

La Convención de Ocaña

En Ocaña, bajo un sol incandescente, el aire olía a cebolla y a tierra batida. Las campanas del templo de San Francisco repicaban con un eco metálico que hacía presagiar una tormenta; no de lluvia, sino de hombres. Corría el año de 1828 y el pueblo, de calles empedradas y balcones de madera, se había convertido en un tablero de ajedrez donde se jugaba el destino de un continente.

En la plaza, la gente humilde veía pasar las casacas bordadas y las botas relucientes de los convencionistas. El viejo barbero de la esquina comentaba entre susurros mientras afeitaba a un parroquiano:

> —Pille, compadre, que la cosa se está poniendo maluca. Por un lado, el Libertador, que es como un trueno de los grandes que quiere mandar hasta en los rayos; y por el otro, el general Santander, que parece un escribano de esos que creen que pueden amarrar el viento con un montón de papeles.

> 

Dentro del templo, el ambiente era un barullo de murmullos y tensiones. El techo de madera crujía bajo el peso de los argumentos. Simón Bolívar, el «Hombre de las Dificultades», no estaba allí físicamente —se encontraba en Bucaramanga, acechando como un león herido—, pero su sombra se proyectaba sobre cada banco. Sus delegados, con voces que recordaban el fragor de las batallas de Boyacá y Carabobo, clamaban por un mando firme.

—¡Unidad o anarquía! —gritaban, y sus palabras eran puñales de plata buscando el pecho de la joven República.

Frente a ellos, Francisco de Paula Santander, el «Hombre de las Leyes», se mantenía erguido como un roble de mármol. Sus palabras eran un compás que medía cada sílaba. Para él, la libertad no era un caballo desbocado, sino un jardín cercado por la Constitución. Sus seguidores, con la pluma en ristre como si fuera una bayoneta, defendían el federalismo con un fervor que rozaba la terquedad.

La convención era un mar de pasiones. Las metáforas volaban por el recinto: los bolivarianos hablaban de una «presidencia vitalicia» como el timón de un barco en medio de la tempestad; los santanderistas respondían que ese timón no era más que una cadena disfrazada de orden.

—¡Ustedes quieren un monarca con nombre de presidente! —vociferaba un santanderista, con el rostro encendido como una brasa.

—¡Y ustedes quieren una nación de papel que se deshará con el primer estornudo de la guerra! —respondía un bolivariano, golpeando la mesa con un puño que todavía olía a pólvora.

El pueblo de Ocaña, mientras tanto, asistía al espectáculo con una mezcla de orgullo y espanto. Las chicheras servían el licor con manos temblorosas y, en las noches, las guitarras no cantaban a las novias, sino a la incierta suerte de la Gran Colombia.

Finalmente llegó el fatídico junio. La convención, que nació como una esperanza de luz, terminó en un crepúsculo de silencios. Los bolivarianos, sintiendo que la mayoría santanderista les cerraba el paso, decidieron que el juego no valía la pena si no podían ganarlo. Como una bandada de aves que presiente el huracán, abandonaron la asamblea.

El templo quedó vacío, habitado solo por el polvo y los ecos de los gritos. El barbero, al verlos salir, guardó su navaja y suspiró:

> —Se nos dañó la fiesta, compadre. Lo que viene ahora es puro cuchillo.

> 

La Gran Colombia, aquel sueño gigante que Bolívar había tejido con sangre y Santander con leyes, empezó a deshilacharse en las esquinas agrestes de Ocaña. El Libertador, en su desesperación, tomaría el mando absoluto, y el general de las leyes vería cómo su código se manchaba con la tinta del exilio. Ocaña quedó allí, con sus iglesias blancas y su sol eterno, siendo testigo mudo del día en que la palabra no pudo vencer al orgullo y la unión se rompió como un cristal golpeado por la realidad.

22 de febrero de 2024

Dónde la Cruz y la Flecha se Abrazan

En el regazo de Ocumare del Tuy —pueblo que parece dormir arrullado por el abrazo verde de sus montañas— renace cada año un milagro de fe: la Peregrinación de la Escolta de los Indios Coromotanos. Esta danza de devoción, que despierta el primer domingo de Cuaresma, es un cántico vivo a la Virgen de Coromoto. El relato tiene su semilla en 1941, cuando la visión de monseñor Rafael Pérez León concibió una procesión que no solo caminara, sino que palpitara al ritmo de melodías celestiales en el corazón de cada ocumareño.

Para que aquel sueño no se desvaneciera, el párroco buscó el respaldo de la Santa Sede. Así, la festividad nació ungida por el Vaticano, transformándose en un puente entre la tierra tuyera y la eternidad. El motor de este milagro fueron los jóvenes boy scouts: manos de arcilla y corazones de fuego que se convirtieron en los primeros custodios de la promesa. Ellos vistieron de gala las calles, tejieron guirnaldas y cargaron sobre sus hombros el peso sagrado de la Madre, contagiando a un pueblo que se desbordó por las avenidas como un río de esperanza.

En este lienzo histórico emerge la figura de Jesús Tereso Sánchez, el Cacique Mayor. Su liderazgo no fue solo de mando, sino de sabiduría antigua. Él fue el artesano que trenzó la fe cristiana con las raíces profundas de la tierra. Bajo su guía, la peregrinación se vistió de plumas y cantos, de ritmos ancestrales y de un respeto sagrado por la tradición. La cruz y la flecha se fundieron en un solo abrazo, convirtiendo el rito en un tapiz de identidad donde la sangre y la creencia se reconocen hermanas.

El tiempo ha pasado, pero la tradición no envejece; se hace roble. Cada año, el aire de Ocumare se impregna de oraciones y el suelo vibra con la llegada de miles de peregrinos. La fiesta es un cauce de almas que llegan desde lejos para desbordar la devoción mariana.

Pese a los vientos de cambio, la esencia de la Escolta permanece intacta, protegida en el cofre del corazón ocumareño. De pronto, el silencio del valle se quiebra con una sinfonía de júbilo: el estallido de los cohetes y el relincho de los caballos anuncian que el cielo y la tierra se han vuelto a encontrar. Hoy, cuando los jinetes inician su trote rítmico, parece que la tierra misma eleva una plegaria. En ese galopar de promesas, el pueblo reafirma que mientras haya un indio coromotano cabalgando, existirá un lazo indestructible que mantendrá encendida la llama de la unidad y la vida.

20 de febrero de 2024

La Peregrinación de la Escolta de los Indios Coromotanos




En Ocumare del Tuy, un humilde y laborioso pueblo del estado Miranda, se celebra una peregrinación única en Venezuela y el mundo, en honor a la virgen de Coromoto. 

En 1941, el párroco del pueblo Rafael Pérez León, creó la escolta de los indios Coromoto, con una tropa de "boys scouts".

Así relató el propio Jesús Tereso Sánchez (†), cacique mayor de los indios coromotanos, ese episodio: “…estaba compuesta por 700 miembros, entonces, monseñor Pérez León, que era nuestro párroco, de los 700 escogió 300 para formar la escolta de los indios coromotanos, o sea que la matriz de la escolta de los indios coromotanos vienen siendo los scouts…” 

Miles de personas asisten a esta manifestación de fe. Esta fiesta religiosa se lleva a cabo con el permiso del Vaticano. De esta manera lo describe Jesús Tereso: “La única parte donde se celebra, es aquí, por orden del Papa, ¿cómo lo hizo monseñor para conseguir eso?, ¡no se!...

Más de seis décadas de tradición. Los promeseros se decoran con distintos accesorios. Desde muy temprano los indios se concentran a las afueras del templo. Miles de personas esperan fuera de la iglesia.

Al salir la imagen de la virgen, los asistentes la reciben con gran emoción, la virgen es montada en una carroza que se asemeja a una choza y es guiada por el cacique, algunos van a caballo y otros a pie.

En el recorrido se encuentran altares en honor a la virgen». En las carrozas van niñas vestidas de blanco con gorros rojos, simbolizando los ángeles y representando los estados de Venezuela.

Al llegar a la plaza de los indios, todos hacen reverencia ante la imagen de monseñor Pérez León y la virgen de Coromoto. La peregrinación llega a su término con la reverencia del cacique. 

La peregrinación de los Indios Coromotanos es una tradición tan autóctona de los Valles del Tuy que nace de la religiosidad de un pueblo pequeño, arraigado en sus costumbres, y ese venezolanismo de sus habitantes; devotos de la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela. De acuerdo al Cacique Mayor Jesús Tereso Sánchez, esta peregrinación se inició cuando Monseñor, siendo parte de los boys scouts, realizó lo que el llamó “una misa especial”, la cual se mantuvo en secreto hasta el último momento, luego de terminar la misa salió la imagen de la Virgen de Coromoto y 300 personas vestidas de indios… El pueblo se asustó un poco pero Monseñor supo arreglar las cosas y se realizó la caminata que ahora se hace, pero de una manera mejor. Esta celebración se realiza en Ocumare del Tuy, Estado Miranda, en honor a la patrona de Venezuela; la Virgen de Coromoto, el domingo después del miércoles de ceniza. Es una tradición que data de 1941 y que inició Monseñor Rafael Pérez León, párroco de la ciudad de Ocumare para aquel entonces. En este día toda la población se viste con trajes indígenas; el más llamativo es el del Cacique, el cual se caracteriza por ser bastante pesado, siendo el único que puede ostentar tal penacho, según lo estipulado en el año 2014 por la Asociación Civil Indios Coromotanos. La peregrinación se hace a caballo para darle colorido a la procesión, ya que, de acuerdo a la tradición, los indígenas verdaderos le temían a estos porque los españoles se los arrojaban encima para dejarlos sin movilidad alguna. 

En una ocasión Irene Sáenz, Miss Venezuela y Miss Universo, quien para entonces era alcaldesa del Municipio Chacao, visitó Ocumare del Tuy para ver la Procesión de los Indios Coromotanos, y se impresionó tanto que invitó al Cacique Mayor, Jesús Tereso Sánchez a presentarse un 5 de Julio en Chacao, exhibiendo el colorido y la belleza de esta tradición, y así sucedió, ese día; llevaron 7 caballos desde Ocumare del Tuy y unos 15 más fueron prestados en la Capital, también visitaron ese Municipio aproximadamente 60 promeseros quienes realizaron el desfile habitual ante la mirada y el asombro del público capitalino, siendo reconocido su esplendor fuera de los Valles del Tuy.


 

19 de febrero de 2024

Don Nicanor


La tarde que Nicanor Ochoa decidió morirse, el sol de mayo caía sobre las montañas de Carabobo con la lentitud que tienen las personas cuando saben que van a ser recordadas eternamente. Tenía ochenta y nueve años y todavía le quedaba cuerda para gritar y discutir como un muchacho en la gallera de Miranda; pero su corazón, que siempre le había obedecido como un perro fiel, de repente se volvió piedra.

—Este no es mi día —dijo, y nadie le hizo caso.

Lo encontraron al amanecer del 18 de mayo de 1957, tieso en su catre, con las manos todavía oliendo a las yerbas que había estado moliendo la tarde anterior para una muchacha de Tinaquillo que necesitaba amansar a su hombre. Los mismos que lo velaron esa noche fueron los que después, cuando pasaron los años, empezaron a jurar que lo habían visto en los caminos.

Porque Nicanor, el curandero que sanaba y arreglaba enredos las veinticuatro horas del día, no tuvo la delicadeza de irse del todo. Quienes lo conocieron bien sabían que era un hombre de gustos fijos y gestos galantes: no fumaba tabaco, pero sí cigarrillos, especialmente "Capitolio" y "Continental". A cualquier hora se le veía con el humo fino entre los dedos, mientras disfrutaba de un café amargo, siempre sin azúcar, que parecía asentarle el carácter antes de atender a los necesitados.

La primera en verlo tras su partida fue una mujer de San Felipe que iba a buscar agua al río cuando todavía no había salido el sol. Lo encontró sentado en una piedra, limpiándose las uñas con un cuchillo de monte.

—¡Don Nicanor! —dijo ella, con un susto que le enfrió la sangre—. ¿No estaba usted muerto?

Él levantó la cabeza, se acomodó el sombrero y le sonrió con esa sonrisa que siempre tuvo en vida, la misma que mostraba cuando era feliz regalándole a todas las mujeres caramelos de coco que sacaba de sus bolsillos como por arte de magia.

—Muerto está el que no tiene palabra, niña. Yo tengo muchos compromisos todavía.

Y entonces, sin más, empezó a cantar:

> Virgen del Carmen, Virgen del Carmen,

> ampárame en esta hora...

> 

Desde ese día, en las noches de luna llena, los caminos de Carabobo se pueblan de historias. Unos dicen que lo vieron en Montalbán, otros que en Tocuyito, pero siempre de la misma manera: antes de aparecer, se siente un olor a ruda y a sus cigarrillos de siempre, y si uno presta atención, se escucha esa canción que él tararea como si todavía estuviera vivo.

Doña Sara Carmona, la última mujer que tuvo, recordaba cómo era él en vida. Mujeriego hasta la médula, había repartido hijos por todo el estado con María Eufemia, con Ofelia Ojeda, con Eustaquia Jiménez. Pero también repartía curaciones y trabajos. Cuando alguien tenía fiebre, ahí estaba Nicanor con sus brebajes. Cuando una muchacha se quedaba sin novio, ahí estaba Nicanor para endulzarle el corazón, tal vez con la misma dulzura de sus inseparables caramelos de coco.

—Era como un río —decía doña Sara—. Un río que a veces se desbordaba y se llevaba todo por delante, pero sin agua no podía vivir nadie.

Por eso, cuando murió aquella tarde de mayo, después de la discusión en la gallera por un gallo que no quiso pelear, el pueblo entero sintió que algo se había secado. Y cuando al día siguiente lo enterraron, las campanas sonaron como si fueran de madera: un repique seco y triste.

Pero lo cierto es que no se fue. Lo cierto es que sigue ahí, en las encrucijadas, en los caminos de tierra, en los sueños de los que lo buscan para pedirle favores, suerte o venganza.

—¿Y usted cree en esas cosas, ñor? —le preguntó una vez un caraqueño incrédulo a un viejo de Belén.

El viejo se quedó callado un rato, mirando la montaña. Después se señaló el pecho, justo donde late el corazón.

—Mire, joven —dijo—. Yo no sé si Nicanor Ochoa anda por ahí en los caminos. Pero sí sé que cuando uno lo necesita, lo siente aquí adentro. Como una yerba amarga, o como ese café fuerte que él tomaba, que de repente se vuelve dulce. Como esa canción que él cantaba.

Y entonces, sin venir a cuento, el viejo comenzó a tararear bajito, mientras la tarde caía sobre los sembradíos:

> Virgen del Carmen, ampárame en esta hora...

> 

Y el viento, que siempre sabe de estas cosas, se llevó la canción monte adentro, como si alguien, en alguna parte, estuviera esperándola.

30 de noviembre de 2023

Dionisio Cisneros – El Último Realista

      


De los facciosos y sus acciones en el Tuy, resaltan entre todos ellos, el nombre de Dionisio Cisneros, personaje que destacó por ser extremadamente fiel al Rey de España y al sistema monárquico, que se mantuvo durante una década en una guerra total en contra de la naciente República en la Provincia de Venezuela, en procura y defensa de los derechos de la Corona Española y de la religión católica, teniendo como principal teatro de sus operaciones los Valles del Tuy. 

Dionisio Ramón del Carmen Cisneros Guevara, nació en la población de Baruta el 8 de abril de 1793, fue hijo del mestizo Juan Antonio Cisneros y su madre fue una india llamada Paula Antonia Guevara, su fe de bautismo quedó registrada en el libro 6 de Bautizos, folio 244 ubicado en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Baruta (dato tomado de Valderrama y Figuera). Cisneros de niño se crió en la población de Santa Lucía y luego de joven trabajó como arriero de recuas para un hombre llamado José García, en Baruta, llevando mercancías entre Caracas, los Valles del Tuy, los Valles de Aragua y el alto llano, lo cual le permitió adquirir, en ese entonces, un vasto conocimiento de los caminos y parajes de las regiones de los Mariches, la cadena montañosa del centro-norte y de la cordillera del interior del Valle del Tuy. 

De la procedencia de Cisneros nos dice José Domingo Díaz, en su obra Recuerdos sobre la rebelión de Caracas, (publicada por primera vez en España en 1829), lo siguiente: Este era un vecino natural del pueblo de Baruta, distante tres leguas de ella, arriero de profesión, de una conducta irreprensible, de una claridad de entendimiento poco común, de un valor sin término, y de una fidelidad heroica, (pág. 316). 

Existen pocos datos de la actividad y de los cargos que desempeñó Cisneros durante el proceso de la independencia, y todos los registros apuntan a que tomó las armas en favor de la causa realista el año de 1820, en su Autobiografía José Antonio Páez refiere: "...un indio llamado José Dionisio Cisneros, que había sido sargento del ejército español, y servidor en sus filas por mucho tiempo". En su obra, José Domingo Díaz, refiriéndose a este hecho, apunta que: "entró en 1820 a servir voluntariamente de soldado de caballería, en la columna que fue deshecha por Bermúdez en el pueblo de Santa Lucía, agregándose después de aquella derrota a la división del brigadier Pereira" (pág. 316). En este apunte Díaz hace alusión a la Batalla de Santa Lucía del Tuy, librada el 28 de mayo de 1821 en el sitio de Macuto, entre el ejército republicano comandado por José Francisco Bermúdez y el ejército realista comandado por el Coronel José Pereira, luego Cisneros al saber de la noticia de Carabobo, se separa del Batallón a la orden del coronel Pereira y se va a las montañas, acompañado de otros de sus compañeros de armas, inician una resistencia armada que durará por espacio de algo más de una década. A partir de ese momento Cisneros y otros de sus compañeros de armas, entre indios, mulatos, zambos y alguno que otro blanco de orilla, se internan en la espesura de las selvas de la cordillera del interior en los Valles del Tuy, crean una resistencia, que no solo hostigó a las autoridades republicanas, sino que se encargó de atacar sistemáticamente a las principales haciendas y centros de producción agrícolas de los cantones o poblaciones cercanas a Caracas, especialmente a las del Tuy y Barlovento, porque eran su principal fuente de abastecimiento de alimentos y otros rubros como carbón y leña. Páez en su autobiografía expresó: “por espacio de once años estuvo recorriendo los valles del Tuy, hasta las inmediaciones de Caracas, cometiendo impunemente todo género de tropelías; pues atrincherado con los suyos en los montes y vericuetos inaccesibles, se defendía con ventaja de las fuerzas del gobierno”.

23 de abril de 2023

Ocumare del Tuy del Recuerdo


Recordemos en esta oportunidad un hermoso video y algunos de sus comentarios de "Youtube".

"Precioso el video, incluyendo la música que lo acompaña "Adiós, a Ocumare". También le agregaría la casa de la cultura, ¿recuerdas?, cerca le quedaba el mercado, la plaza José Felix Rivas (hoy plaza del estudiante), la calle Bolívar, la feria agropecuaria que la realizaban en lo que es hoy el terminal de pasajeros, la escuela Miranda, la hacienda Santa Ana, el río Tuy antes de que lo contaminaran ... ¡uuufff, son tantos recuerdos!"

"Querido amigo, gracias por este bello video de mi Ocumare de ayer. Mi papá siempre me contaba que efectivamente Daniel Santos cantó en diferentes tascas de Ocumare del Tuy e inclusive en algunos bares, je, je, je... Julio Jaramillo, vivió un tiempo en este pequeño pueblo, el gran poeta latinoamericano y premio Nobel de literatura Pablo Neruda, nos visitó en una ocasión, Ocumare es la cuna de Luis Sánchez Olivares, nuestro "Diamante Negro", y de Oswaldo "Paío" Guillén (aunque él diga que no)... Recibe un abrazo kilométrico desde la distancia".

"GRACIAS! Espectacular, lindos recuerdos, la casa "Pampero", me gustaría tener una imagen para recordar gratos momentos que viví allí..."

"Gracias José, me trajo muchos recuerdos... el mes pasado hicieron 40 años que salí de Ocumare para Inglaterra toda una vida fuera imagínate lo que sentí al ver este vídeo un fuerte abrazo desde España donde vivo actualmente abrazos".

"Muy bonita reseña no la conocí así pero me gustaría verla como se ve ahí tranquila y llena de mucha humildad".

"Qué belleza de video, Dios lo bendiga, me trae tantos recuerdos. La casa de Monseñor Pérez, y la Sra. Patiño y Eloy Pérez, la iglesia donde me casé hace 39 años, la acera alta, ¡En fin!, todo le quedó espectacular. Ojalá siga dándonos esa alegría, voy a guardar este video para mis nietos...¡qué pasado tan bonito!"

"Vivir es apasionante cuando se sueña el futuro al tiempo que pisamos firme en el pasado, porque el legado de nuestro pasado no solo es valioso, sino esclarecedor".

"Muchas cosas hermosas que producen inmensa nostalgia... Muy bonito recordar lugares de nuestro pueblo ! Agradecimiento al Sr. Núñez por regalarnos tan hermoso trabajo!!!"

OCUMARE: tierra hermosa de la tuyería

     Ocumare quién te viera y por tus calles paseara de noche o de madrugada, bajo la fúlgida luna del mes de mayo, mes de las flores y oír en el barrio El Rodeo, la Salve más bella en honor a la Virgen María, u oír en junio el tan tan de los tambores y el sonoro ritmo del tamboreo redondo en el baile en honor a San Juan Bautista, o contemplar extasiado, el primer domingo, después de carnaval, la bella estampa de la Peregrinación y Escolta de Indios de Nuestra Señora de Coromoto, asistir votivamente a las fiestas en honor a nuestro patrono San Diego de Alcalá, porque en decir del poeta Ladislao Rivas Carujo:

Ocumare es una flor
hecha por un jardinero
que no la marchita el sol
ni la mata el aguacero.

Ocumare tierra hermosa
pueblo de la tuyería
donde abunda la alegría
en su fiesta tan rumbosa
en ese pueblo se goza
con cariño y con amor
es tan grata su primor
que brinda su melodía
sea de noche o sea de día
Ocumare es una flor.

27 de agosto de 2022

U.E.E. Monseñor Rafael Pérez de León (Reseña Histórica)

Esta institución comenzó en 1956 con el nombre de Escuela Unitaria del Estado número 59. Nuestra escuela funcionaba en una humilde casita de madera, a la orilla del camino, que la comunidad había cedido para este fin. El plantel estuvo conformado por la coordinadora del núcleo y la maestra de aula Carmen Granados, la escuela atendía una matrícula de 28 alumnos.

Luego en el curso escolar 1958 - 1959 se convierte en Escuela Concentrada, laborando en esa fecha como maestras, María del Carmen Soto y Ana Teresa de Fernández. En 1969, debido al aumento de la matrícula, el lugar se hizo insuficiente y los maestros antes mencionados, junto con el director del núcleo No. 59, el profesor Mendoza y el padre Rafael Pérez León, iniciaron un plan de lucha por el crecimiento y construcción de un nuevo local. Fruto de estos esfuerzos en equipo se construyó en 1962 la primera estructura de 5 aulas, 2 oficinas, un baño y una sala de vigilancia. A partir de esa fecha, el colegio comenzó a funcionar bajo el nombre de Concentración Candelero No. 23, bajo la coordinación de la educadora María del Carmen Soto y las profesoras: Ana Teresa de Fernández, Yolanda González, Josefina de García, Carmen Luisa García, Zenaida Bandes y Francisca Zamora.

En 1964, María del Carmen Soto fue trasladada y reemplazada por María Blanco en la coordinación. Para enero de 1967, la escuela ya cuenta con 12 secciones y la Dirección de Educación la cataloga como Escuela de Posgrado del Estado “Monseñor Rafael Pérez León”, gracias al esfuerzo del personal directivo, docentes, representantes y alumnos, este hombre justo, sencillo y preocupado por su pueblo, honraría a la institución con su nombre como homenaje a su bondad y generosidad con su comunidad. En el año 1967, el colegio comienza a llamarse Unidad Escolar Estadal "Monseñor Rafael Pérez León", como se conoce hasta ahora.

Para 1976, bajo la dirección de María Blanco Bigott, se construyeron dos aulas, anexando también el preescolar. En 1980 se construyen la R-3 y la R-4, incorporando siete aulas más, las cuales comenzaron a funcionar en 1983, donde se incrementó la matrícula debido a la implementación de la Escuela Básica, en el mismo año. En 1983, la directora María Blanco de Bigott fue reemplazada por la maestra Omaira de Mirabal y la subdirectora Olga de Márquez, ambas reemplazadas posteriormente en 1992 por Felipa Zapata de González en la dirección y Consuelo Orta de Duno en la subdirección.

En 1997 se produjeron movimientos de docentes y ascendieron a cargos directivos las Licenciadas Ligda Gómez de Ibarra, Zahida de Marsella y Carmen Conde de Arguinzones. Ese mismo año se graduaron las maestras Felipa Zapata de González, Consuelo Orta, Ligia Urbina de Marín y Juana Camejo de Padilla. También ese año, por concurso de ascenso, forman parte del plantel la Licenciada Carmen Conde como Directora Encargada y la Profesora María de las Nieves Alvárez como subdirectora.

En el año escolar 2018 - 2019, por gestiones del Profesor Franklim Orta, su actual Director, nuestro colegio se convierte en liceo, se abre el 7mo grado de educación media y para el periodo escolar 2022 - 2023, ya estaremos, con el favor de Dios, graduando la primera promoción de Bachilleres de la República para el beneficio y alegría de la comunidad ocumareña.

    

19 de agosto de 2022

Reseña Histórica del Liceo Pérez Bonalde

HISTORIA DEL LICEO PEREZ BONALDE Y SU  PRIMERA PROMOCIÓN DE BACHILLERES.  
 (Por Dr. Antonio Trejo Calderón)


Antigua sede del Liceo Pérez Bonalde 

Aquí nace el primer Liceo de los Valles del Tuy, donde antes funcionaba el Hospital pionero en los cuidados de salud de Ocumare, con el nombre de Hospital “San Simón”, en homenaje al Libertador Simón Bolívar, construido bajo la administración de Juan Crisóstomo Gómez (Juancho Gómez), Presidente constitucional del Estado Miranda, siendo Ocumare del Tuy capital del Estado para ese momento (1904-1927). Años más tarde, en este lugar, funcionaría el “Liceo Pérez Bonalde”, es decir, a partir del 5 de octubre de 1944, bajo el nombre inicial de “Licenciado Agustín Aveledo” que funcionó en esta Casona Colonial Ocumareña hasta el año 1957, cuando fue nacionalizado por el Ministerio de Educación y bautizado con el nombre que ostenta actualmente, "Liceo Juan Antonio Pérez Bonalde". Era la única casa de estudios secundarios de la región de los Valles del Tuy. Los cursos apenas llegaban hasta el 3er año de bachillerato,  al terminar su 3er año de bachillerato, quien quería, y sus recursos se lo permitían, continuar con sus estudios para obtener el Título de Bachiller e ingresar a la Universidad o Pedagógico,  debía trasladarse a la ciudad de Caracas. 

Con el esfuerzo de la comunidad educativa, los educadores y el comercio, para ese entonces, se logró que esta Institución abriera el 4to año de bachillerato, solo para los estudiantes que habían egresado del 3er año de la institución. Asimismo; se comprometió el Ministerio de Educación, que si la promoción de 4to año en Ciencias y Humanidades era satisfactoria se abriría el 5to año de bachillerato del Liceo, lo cual se logró gracias a todos los esfuerzo y la participación de las fuerzas vivas del Municipio, que era una garantía para todos los estudiantes de los Valles del Tuy, Charallave, Cúa,  Yare, Santa Teresa, Santa Lucia y Ocumare del Tuy, quienes se desplazaban, a través del trasporte escolar del liceo, conducido por el Señor Juancho Barrios. La mayoría de las carreteras eran de tierra y los alumnos llegaban amarillos por el polvo de las mismas. Es así, como empezó a funcionar el 5to año de Bachillerato en Ciencias y Humanidades,  esto originó que se creara y se formara la primera promoción de bachilleres;  que tuvo lugar el día 09 de septiembre de 1962. El liceo se encontraba ubicado en la llamada acera alta, de la entrada de Ocumare del Tuy, frente a la Plaza 17 de diciembre,  hoy en día Plaza del Estudiante (parte este), y lindaba por la parte norte: con la sede del colegio Santo Ángel, donde hoy en día funciona el despacho de la policía de Miranda y por la parte sur: con la bodega y casa de la familia del señor Gaspar y calle Padre Arroyo y por la parte oeste: con terrenos municipales y parte de la quebrada Padre Arroyo.  El liceo estaba constituido por 5 Aulas, un laboratorio de física y química bien dotado con todo el equipo necesario para realizar las prácticas, un salón de biología y puericultura, donde habían maquetas de esqueletos y todas las partes del cuerpo humano, una  Dirección y Subdirección, un salón para los Profesores con sus respectivos baños, un escenario donde se realizaban actos culturales, teatrales, recitales y de representación artística. Además, en la parte final existió un salón amplio y techado donde se realizaban trabajos manuales. Asimismo, se practicaba esgrima con orientación y práctica del Dr. Scaparoni, quien era dueño de la farmacia Bolívar y en la otra ala, encementada, se practicaba educación física. En frente del liceo existían unos ventanales grandes y su entrada era una puerta de madera de aproximadamente de 3.50 metros  con una anchura de 3 mts con un zaguán que terminaba en un patio amplio y abierto.

De sus aulas egresaron, entre muchos otros, los bachilleres: Saúl Manrique, Luigui Gambara, Alberto Sabino Patiño Pérez, Alberto Portillo, Elizabeth Calzadilla, Antonio Trejo Calderón, Natacha Fombona, Donal Ramírez, Josefina Calzadilla, Ismael Tovar, José Manuel Serrano, Gisela Hernández, Manuel Monasterios, Miguel Otero, Maritza Villegas, José Manuel Rodríguez,  Migdalia Martínez, Hugo Gómez, Gilberto Figuera, Manuel Ferrer Resquiz.  

Entre los Profesores que humildemente trabajaban en este liceo tenemos a: Mauro José Bolívar, José Aníbal Gutiérrez, Humberto José Fuenmayor, Reinaldo Alfredo León, Raúl Peña Hurtado, Regulo Rodríguez Gimón, Agustina Matinau de Hernández y el Profesor Manríquez López. La promoción tuvo como oradora de orden a la Bachiller Gisela Hernández. 
   
LA SEDE ACTUAL.

Es una edificación construida en la segunda mitad del siglo XX, en honor al insigne poeta venezolano “Juan Antonio Pérez Bonalde”. Sus líneas arquitectónicas son modernas, utilizando como materia prima para la construcción concreto armado en estructura, cerramientos de bloque frisado, metal, madera y vidrio. Posee dos pisos y sus espacios se organizan en torno a patios sucesivos y pasillos cubiertos que permiten ventilar e iluminar naturalmente. Se implanta en una gran parcela que le permite desarrollar densas áreas verdes e instalaciones deportivas. Está dotado de módulos de aulas, áreas administrativas, y de servicio, entre otras, para ofrecer una adecuada formación a los educandos. Por su antigüedad y loable labor que emprende es de gran importancia para por la comunidad.



MIS RECUERDOS DEL LICEO PÉREZ BONALDE


   
Prof. Manuel Monasterios 

A propósito del Liceo Pérez Bonalde, el Profesor Manuel Monasterios (†) en su blog: http://escribidor30.blogspot.com/2017/01/mis-recuerdos-del-liceo-perez-bonalde.html, reseñó: 

"Mi vida estudiantil estuvo ligada a los cambios de residencia que hacía mi familia por motivos de trabajo. Ingreso al Liceo Pérez Bonalde, el único del  Tuy en aquellos años, había un pequeño autobús que recogía a los estudiantes  en cada pueblo, si teníamos que regresar a la casa en las horas diferentes a las del transporte apelábamos a una costumbre que era normal en aquellos años: la "cola", el aventón, nuestros pueblos eran pequeños y todos nos conocíamos, no eran muchos los autos pero todos nos daban la cola y así llegábamos a la casa y nos ahorrábamos el pasaje que era un bolívar. El almuerzo generalmente lo hacíamos en un negocio ocumareño llamado La Entrada, propiedad del señor Ojeda, la dieta era un plato de carne molida, una arepa y un refresco por un bolívar con 25 céntimos, comíamos cuando podíamos en otros restaurantes un espagueti boloñés en un bolívar con 50 céntimos  o bistec con ensalada en dos bolívares con 50 céntimos. El liceo Pérez  Bonalde era además de la primera casa de estudios del Tuy, la gran casa de la cultura, allí tuve el privilegio de oír los versos de Don Pablo Neruda recitados por él, en una visita inolvidable que realizó a comienzos de los años 60 a nuestro liceo, semanalmente nos visitaban intelectuales de la talla de Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, Luís Pastori, José Ramón Medina, intelectual venezolano vinculado a Ocumare del Tuy, por solo mencionar algunos. También era centro, nuestro liceo, de las inquietudes políticas de aquellos años, unos comprometidos con la causa democrática y otros entusiasmados con la revolución cubana, pero hay que destacar el respeto y la camaradería que existía entre todos, jamás el sectarismo político estuvo por encima de nuestra amistad, no habían diferencias a la hora de luchar por nuestra institución".
   
"Un hito importante en la vida de los perezbonaldistas fue la constitución del orfeón. Fue un honor que el director fuera el laureado Vinicio Adames, quien era a su vez Director del Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela. Tuve el privilegio de ser parte del grupo de los tenores. En una oportunidad, el Orfeón actuó en un programa matutino de Reny Otolina denominado Lo de Hoy. Para todos fue una aventura inolvidable. Aparecer en Radio Caracas Televisión, con uno de los mas renombrados presentadores de todas las épocas, fue una experiencia que nos enorgullece por siempre.   Una nota luctuosa unió  a la gente del Perez Bonalde. El avión Hércules, donde volaba el Orfeón universitario de la UCV, se estrelló en una de las islas del archipiélago de las Azores. Vinicio Adames y el resto de los orfeonistas, que viajaban a un encuentro coral en Barcelona España, murieron en el accidente. También el piloto, nuestro querido compañero y amigo, José Antonio López Boyer".

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"La caída de Pérez Jiménez y la llegada de la democracia introdujeron nuevas formas y procedimientos de lucha entre los jóvenes, se organizan los centros de estudiantes y se inicia la primera campaña electoral estudiantil, todavía estaba funcionando el Liceo en la antigua casa del hospital San Simón, ubicada en la llamada acera alta en la entrada de Ocumare, la primera campaña unió a todos los sectores en torno a la idea de la construcción de una nueva sede para el liceo; a comienzos del año 60 visita a los valles del Tuy el presidente Don Rómulo Betancourt y entre las pancartas de bienvenida se destacaban las que solicitaban la nueva sede para el Pérez Bonalde. El Concejo Municipal hace la solicitud formal, el señor Bernardo Echenagucia ofrece el terreno y el presidente se comprometió a realizar las obras. Un año duró la construcción de la nueva sede del liceo Pérez Bonalde. Llegó el año escolar 61-62 y el liceo no tenía mobiliario, los estudiantes manifiestan la necesidad de ocupar la nueva sede, los profesores le dan su apoyo y se realiza una mudanza muy peculiar, hecha por todos los estudiantes del liceo, pupitre a pupitre fue trasladado, hasta que unos meses más adelante el gobierno nacional envió la nueva dotación".

"Los estudiantes siempre están presentes en la lucha por la justicia, en el combate a los atropellos y violaciones a los derechos humanos y en la construcción de un mundo mejor"  (Manuel Monasterios).

8 de julio de 2022

EL DÍA EN QUE DANIEL SANTOS CANTÓ EN OCUMARE DEL TUY.


(Por: Manuel Monasterios)
     
     

Daniel Santos, o Daniel Doroteo de los Santos Betancourt, como le puso el cura que lo bautizó, nació en un barrio humilde de Trastalleres, en Puerto Rico, el 5 de febrero de 1916. Arrastró con esa condición humilde toda su juventud, y ya siendo una fulgurante estrella, tuvo el dinero que quiso, el lujo y los derroches que su condición le permitieron, pero eso mismo lo llevó a la ruina y murió pobre, en Ocala, Florida, el 27 de noviembre de 1992.
     
Había en Ocumare del Tuy, un famoso prostíbulo que todos conocían por el nombre de su dueña: “María”, una mujer que por sus finos modales y manera de hablar parecía más una directora de colegio de monjas que regente del lugar "más selecto" de la región. Allí se daban cita la flor y nata, los hijos de los hacendados, de los comerciantes, los empleados con cierto poder económico, no todos tenían para pagar 3,00 Bs. por un tercio, Polar o Caracas, 4.00 Bs. por una Cuba Libre o 6,00 Bs. por un escocés. Lo más barato era una maraquita, el coctel de moda en aquellos años, de anís con soda y limón. Los precios obligaban a una clientela de gente distinguida y con cierto poder económico.

Era un sitio apartado del pueblo, una casa dispuesta para esos menesteres, el local era pequeño, con varias mesas, una larga barra, una pista de baile muy intima, había en un rincón, un pequeño estrado, donde de vez en cuando, se presentaba un conjunto musical, y en la esquina, junto a la ventana, estaba la reina del lugar la rockola, donde no faltaban los discos de 45 r.p.m. de la Sonora Matancera, Daniel Santos, Bienvenido Granda, María Luisa Landín o Toña La Negra.

Los viernes se reunían donde María, los estudiantes. Era el antro de las pasiones juveniles, de las primeras experiencias, la escuela del machismo vernáculo, la cátedra libre de sexología; la novia era sagrada, y tenía que ir al matrimonio virgen, para lo otro, estaban las muchachas de María, algunas conocidas por sus nombres de combate, como La Tongolele, La Perica, La Brasilera, Toña la Colombiana, La Merecumbé, ellas cobraban un porcentaje por trago consumido en la mesa y cuya cuenta se llevaba con fichas que luego de la faena se cambiaban por dinero, su objetivo era motivar el consumo, bailar o complacer a los clientes en las piezas interiores, quienes tenían que cancelar 5.00 Bs. por derecho de pieza y 20,00 Bs. por los “honorarios profesionales” de las chicas. En otros sitios, la tarifa era más barata, pero sin la calidad y la limpieza del bar de María.

Una noche del año 1962, Daniel Santos, quien estaba de gira por Venezuela, se enteró, gracias a su compadre Julio Jaramillo, quien vivía en esa época en Ocumare del Tuy, que una hermosa muchacha, llamada Esther, que había conocido en Barranquilla estaba en esta población, específicamente, laborando en las noches no tan santas de la casa de María. Fue así como El Jefe, el Inquieto Anacobero, vino a dar a este burdel tuyero. Pasó dos días sin salir de la pieza, encerrado con su hermosa costeña, bebiendo, "culeado" y aspirando polvo blanco. El sábado en la noche, para complacer a Doña María y a Esther, la Barranquillera, Daniel decidió presentarse y cantar para una clientela muy exclusiva, invitados especiales que estuviesen dispuestos a pagar un servicio de ron en 100 Bs. y uno de Whisky en 350 Bs. El local se llenó y las puertas se cerraron para el público, solo un grupo de privilegiados tuvo la suerte de ver, en casi un acto de magia, salir de la rockola al “Duro del canto popular” a Daniel Santos, en persona, para subir a aquel escenario sin fama, ni cartel, rodeado de sus admiradores y "damas" emocionadas, todos asombrados, no podían creer lo que estaba ocurriendo. Tener al frente cantando al gran Daniel Santos y sentado como espectador al Ruiseñor de América, al rey de la rockola Julio Jaramillo.

De pronto apareció en la pequeña tarima, acompañado de un grupo musical que acompañaba en sus presentaciones a su compadre Julio Jaramillo, envuelto en los vapores del alcohol, "enmarihuanado" hasta los trinquetes, lleno de canas, con grandes patillas y bigotes, vestido con una guayabera blanca, pantalón negro y zapatos de dos tonos, (de aquellos de tacón cubano que habían desaparecido con el mambo y Dámaso Pérez Prado), y se presentó, sin necesidad de micrófono, su potente vozarrón no necesitaba de sonido especial, además el local era pequeño. Dejó oír su voz, con ese estilo único, inconfundible, arrabalero. Arrancó con ese clásico de burdel, “Virgen de Media Noche”, cuya letra movió las fibras más profundas de las “señoras del pecado” que se encontraban en el sencillo escenario pueblerino, quienes lloraban desconsoladas al oír aquel rezo de amor que solo podía pronunciar Daniel, con semejante devoción. Siguió su improvisado concierto con “Dos Gardenias”, “Perdón”, "Esperanza Inútil”... Al rato, se unió Julio Jaramillo, y cantaron a dúo hermosos boleros y pasajes. Pero las muchachas le pedían que repitiera el Himno de las pecadoras “Virgen de Media Noche. “Para adorarte toda. Incienso de besos te doy, escucha mi rezo de amor. Virgen de media noche cubre tu desnudez... Así, sin darse cuenta llegó el día. Todos los presentes disfrutaron del mito de la canción tropical hecho carne y el verbo hecho lujuria, el rey de corazones de la baraja, vestido con una guayabera blanca, el héroe de todas las batallas y reyertas de todos los bares del Caribe, de todos los afanes alcohólicos, del despecho rockolero, de la bohemia, del guayabo y la traición. 

7 de marzo de 2022

El Primer Intento en Fundar un Pueblo en los Valles del Tuy

     
El 
primer intento en fundar un pueblo en los Valles del Tuy se hizo en 1573, diez años después de la segunda fundación de Caracas.

El Teniente Gobernador de Caracas, Francisco Calderón, con ochenta soldados somete a mas de 600 indios Quiriquires que poblaban las riveras del río Tuy, pero los soldados, todos establecidos con sus familias en el valle de Caracas, no quisieron quedarse.

Fue en 1673 cuando el padre Manuel Alesson funda San Diego de Tuy Abaxo que luego sería conocida como San Diego de Alcalá  de la Sabana de Ocumare.

En el valle se sembró caña de azúcar y cacaotales, había bosques tupidos y sabanas para pastizales, el ganado y los cerdos se convirtieron en el principal producto de la zona.

La vida transcurría tranquila entre los calorones del verano y las inundaciones del río en época de lluvias, muchas otras poblaciones de la zona prosperaron, como Santa Teresa, Cúa, Santa Lucía, y Charallave. Su cercanía con Caracas y el puerto en el río las hacía ser centro de producción agrícola y pecuario.

Para 1915, Ocumare del Tuy era la capital del Estado Miranda a la que se llegaba en el ferrocarril inglés desde Caracas. Para quien hacía el camino por tierra, tenían que atravesar el caudaloso río Tuy y podían hacerlo, bien en bote, sobre bestias de carga vadeando los pasos, o cruzarlo "a cabrito" como se le decía, sobre los hombros de esclavos.  

Con el transcurrir del tiempo, en la casa del mercado, se inauguró un cine y en las noches se proyectaban películas mudas con un proyector de manivela. Se publicaba un periódico El Mirandino, existía el hospital "San Simón", tenían una casa de telégrafos y el hielo todavía no llegaba. El gobernador del Estado se llamaba Presidente y las cocinas de las casas funcionaban con carbón de cují que traían de las minas de Charallave. 

Para comienzos del siglo XX el hombre más rico del Estado Miranda era el General Juan Crisostomo Gómez (Juancho Gómez), hermano del Benemérito, Juan Vicente Gómez, Presidente de la República, Juancho era dueño de la mejor hacienda de la región, llamada Mendoza, que era la unión de siete haciendas, y producía café, caña de azúcar, carne, leche y bananos. Los negocios se hacían en monedas de oro llamadas morocotas y onzas españolas. La única industria que existía era la molienda del maíz. 

La luz eléctrica llegó a Ocumare en 1917 gracias a unos empresarios caraqueños que fundaron la "Compañía Anónima Luz Eléctrica de Ocumare". En esa época, el Jefe Civil, aprovechando que había en el pueblo muchas matas de mamón, soltaba a los presos y los ponía a recoger la rica frutilla para luego repartirla gratis a la gente que salía de la misa los domingos. El Estado tenía una banda de música con la que se hacían retretas y presentaban zarzuelas que montaban algunas familias y aficionados en el local del cine. 

En Ocumare del Tuy vivieron muchos andinos que visitaban la hacienda Mendoza y en la que se dice, había uno de los parques militares más grandes del país. Fue capital del Estado Miranda de 1904 a 1927. Luego de la caída del General Gómez, los valles del Tuy empezaron de manera acelerada su proceso de industrialización, el estar cerca de la capital (se conectaba por carretera a una distancia de 60 kms), la hacían atractiva para ubicar parques industriales, pero fue tan desordenado su crecimiento y con tan poco respeto por el medio ambiente, que en poco menos de un siglo nos encontramos con un pueblo desorientado y sin aspiraciones de superación. 

Tomado de: http://elhortador.blogspot.com/2016/03/pequena-historia-de-ocumare-del-tuy.html

9 de mayo de 2021

La Revolución de los Azules en el Tuy

 La batalla de Cúa, febrero, 1868

(Tomado de: http://escribidor30.blogspot.com/ Por el Prof. Manuel Monasterio )

   

El gobierno del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón, mantenía descontentos a muchos, por su ineficiencia, es así, como aprovechando este descontento, el ya anciano, pero muy astuto, General José Tadeo Monagas, promueve su movimiento de Unidad Liberal, identificado con una bandera azul, para procurar reunir a todos los opositores del gobierno que sentían burlados y traicionados los postulados de la Federación.

En febrero de 1868, comenzó una reyerta armada contra el gobierno de Falcón, quien se ve obligado a dejar la presidencia del país para tratar de apaciguar los ánimos caldeados. Así es como se entrega la presidencia de la República al General Liberal Manuel E. Bruzual.

Los Valles del Tuy, fueron invadidos, entrando por San Casimiro, estado Aragua, por revolucionarios afectos a Monagas, comandados por los Generales Prudencio Vásquez y Desiderio Escobar, con la finalidad de ocupar las poblaciones de Cúa y Ocumare del Tuy.

El paso del río Tuy, por el camino de Los Claveles, se vio violentado, al amanecer del 14 de febrero de 1868, por un ejercito de más de 200 hombres, quienes entran al pueblo por la calle de Las Posadas, hoy conocida como El Carmen, llegan a la calle Roscio, hoy calle Zamora, a la casa donde funcionaba la jefatura civil y militar, que también hacía de cárcel. No hubo ninguna oposición y el pueblo es tomado sin mayor contratiempo, logrando los revolucionarios instalarse, esperando la llegada de los refuerzos.

El gobierno respondió a los revolucionarios que habían tomado el pueblo de Cúa, con una expedición al mando de los Generales Juan Francisco Pérez y Genaro Espejo. El 16 de febrero todos los habitantes amanecen resguardados, los jóvenes evitando la recluta forzosa se esconden en los montes. Las fuerzas del gobierno llegan por el camino de El Palmar y Tovar, que conduce a Ocumare. Los revolucionarios los esperaban atrincherados en los sitios altos, cercanos a la quebrada de La Vega, por el paso de Lecumberry. Habían francotiradores en las torres del templo y en los alrededores de la plaza del mercado, hoy plaza Zamora.

El combate se hizo muy intenso, a la hora del medio día, ya no les quedaban municiones a ninguno de los dos bandos, eran centenares los muertos. La batalla se hace entonces cuerpo a cuerpo, a machete y lanza. No hay posibilidades de tregua. El General Prudencio Vásquez, en un gesto de bravura, encabeza un ataque por el frente, tratando de repeler a un grupo de soldados dispuestos a la toma de la plaza y el templo, en esta acción desesperada recibe primero un tiro en la pierna, arrastrándose se protege al pié de un árbol, y se mantiene un buen rato disparando, lo que permite al General Desiderio Escobar organizar la retirada con los pocos hombres que quedaban aún con vida. Finalmente, otro balazo acaba con la vida del General Vásquez. En las calles adyacentes al templo, solo se oía llanto, los heridos son auxiliados y llevados a un improvisado hospital de campaña que se instaló en la jefatura, hoy casa de la familia Fuentes Robles. No había suficiente madera para fabricar tantos ataúdes, los difuntos eran enterrados envueltos en sus propias cobijas, uno de los médicos que le correspondió trabajar muy duro con los heridos fue al Doctor Cristobal Rojas, padre del famoso pintor, quien apenas tenía diez años. El cementerio se extendió hasta las barracas de Chupulun.

La revolución de los azules triunfó, sin embargo, el General Monagas muere antes de tomar la presidencia y se abre definitivamente el camino al poder para el General Antonio Guzmán Blanco.


5 de febrero de 2021

Páez y su Renegado Compadre


General José Antonio Páez

La resistencia realista, después de la batalla de Carabobo, aún se mantuvo durante un tiempo. En la zona de los Valles del Tuy con frontera con el llano del estado Guárico. En la cima de Guatopo, estuvo asentado un grupo realista dirigido por un indio alto, fuerte, de cara enérgica y ojos penetrantes, de nombre Dionisio Ramón del Carmen Cisneros Guevara. Desde 1821 hasta 1832 este personaje junto con otros de sus compañeros de armas, entre indios, mulatos, zambos y algún blanco de orilla, se internan en la espesura de las selvas de la cordillera del interior de los Valles del Tuy, crean una resistencia, que no solo hostiga a las autoridades republicanas, sino que se encarga de atacar sistemáticamente a las principales haciendas y centros de producción agrícola de las poblaciones cercanas a Caracas, especialmente a las del Tuy y Barlovento, porque eran su principal fuente de abastecimiento de alimentos y otros rubros como carbón y leña, y se dedican al pillaje, secuestro y cobro de “vacuna” en nombre del Rey Fernando VII, desconociendo al gobierno de Venezuela representado por el General José Antonio Páez. Dionisio Cisneros jamás creyó en las políticas que los gobernadores de nuestro país implementaban en esos tiempos en contra del pueblo venezolano y se identificaba más con la causa realista. Este grupo inconforme era un problema para la producción agropecuaria de la zona, "según la oligarquía terrateniente y grandes hacendados de la región", por lo que Páez, tuvo que confrontarlo.
     El Arzobispo de Caracas, se queja ante el León de Payara, por la situación que se vive en el sitio. Se había detenido la producción de maíz con lo que se hacían las arepas, los campos tuyeros estaban abandonados y había escasez de alimentos. A lo que Páez contesta: 

“Mira que yo a virtud de lo que me dijiste, estoy pastoreando a Cisneros; mucho desconfío de la empresa, porque no tenemos quien puede inspirarle a él confianza; pero por último se hacen las tentativas, y si se logra el golpe son inmensos los bienes que resultan, porque ya hasta la falta de maíz aprieta” 

Páez, en septiembre del año 30, decide enviar al General Felipe Macero para que acabe con Cisneros, pero este era muy escurridizo. A pesar de no dar con él, logra capturar al hijo de Cisneros.

Ya, con una gran cantidad de recursos, el Taita decidió usar una estrategia diferente a la fuerza para enfrentar al aguerrido Dionisio, a través de su hijo. Lo vistió y le dio zapatos, lo que significaba un ascenso social; lo colocó en un colegio y le brindó su protección. Le escribió a Cisneros para indicarle el vínculo que habían contraído, y aunque no fuese acorde con su carácter, la respuesta de Dionisio fue favorable. Cuando se bautiza al niño, Páez se convierte en el padrino del muchacho, generando un lazo de compadrazgo con Dionisio. La estrategia apuntaba a que este, siendo católico, no obviaría el lazo de compadrazgo creado con el General. 

“…no estoy cansado ni me cansaré nunca de servir a Dios, soy oficial del rey, se lo que es honor, y no faltaré jamás a mi palabra.” 

Fue la respuesta de aquel difícil realista, en su resistencia contra los patriotas.

El Presidente Páez con frecuencia viajaba a la hacienda Súcuta, propiedad del Marqués del Toro, cerca de Ocumare. Allí se organizaban grandes “saraos” donde se tocaba, se cantaba y se bailaba el “carrizo” antecedente del joropo tuyero, se preparaban sancochos, carne asada, hayacas y todo ello acompañado con aguardiente de caña. En una ocasión, en 1831, instalado allí Páez planifica un encuentro con Cisneros…

El encuentro 

El 7 de diciembre de 1837, llega José Antonio Páez a los Valles del Tuy, específicamente a la hacienda del General Castillo Veitía, en compañía de algunos oficiales, entre ellos el Comandante Felipe Macero. Páez salió a encontrarse con Dionisio Cisneros en su cantón del Cerro de El Lagartijo buscando dar fin a las andanzas guerrilleras del "último de los realistas" en estos parajes.

En el Lagartijo, al sur del rió Tuy se emplaza el General Páez acompañado de dos edecanes y un antiguo lancero llanero que lo acompañaba desde 1819. Páez ordena al lancero que anuncie su llegada a Dionisio Cisneros. El lancero sube a una roca donde se hallaba atrincherado Dionisio Cisneros con más de doscientos hombres armados con trabucos, pistolas y machetes. A la media hora regresa y le informa a Páez de la situación altamente peligrosa…

—General, no suba usted allá; porque encontrará a 200 bandidos armados de pies a cabeza que lo esperan para asesinarle, pues el jefe me ha dicho con una sonrisa horrible que será usted recibido como se merece.

—Pues bien, espérame aquí, y ustedes tres (dijo volviéndose a sus dos edecanes) si no vuelvo antes de puesto el sol digan a Venezuela, que he muerto en su servicio.


El Centauro de los llanos asume el reto, sabe que estos sujetos, por más que sirvan a Cisneros, admiran a los hombres valientes. Sube la cuesta y del monte salen más de 200 hombres armados, dispuestos a poner fin a su vida. Al fondo está Cisneros, alto, fornido, con rasgos mestizos, portando en su mano una carabina de dos cañones y en el cinto dos pistolas.


—Páez, le dijo Cisneros: ¿cómo te atreves a subir hasta aquí? Qué vienes a hacer en medio de tus más encarnizados enemigos?


—Vengo solamente a entenderme contigo para poner término a la guerra de exterminio que ha asolado hasta ahora a nuestra patria.


—¡No hay guerra inútil cuando se lucha por Dios y Su Majestad, a quienes soy fiel hasta el final! 
—¡Tú ves!, con mis hombres puedo luchar contra tus ejércitos, no les temo. —Te he obligado a venir hasta acá y ahora te puedo fusilar en menos de lo que canta un gallo, quiero que veas la habilidad de mis hombres con las armas.

El Taita sabe que debe seguir firme a su estrategia, de lo contrario, no podrá dominar al caudillo realista. Pensaba que su muerte estaba decretada, mas no vaciló en responder al reto sangriento. Los hombres de Cisneros cargan las baquetas y se escucha el grito de Cisneros:


—¡Fuego!


Las balas pasan rosando al gran General Patriota, pero este no se intimida, Cisneros, sorprendido por la valentía de aquel hombre no puede más que admirarlo. Antes de disparar dio seña a sus hombres de que dispararan sobre su cabeza y aún así el Taita no pestañeó.


—¡Me has vencido!, le dice entonces Cisneros, —¡de aquí en adelante cuenta conmigo vivo o muerto!, exclamó el realista al ver a Páez firme y sin inmutarse. El Taita regresa, así, victorioso y Cisneros es honrado con el grado de Coronel. 

Posteriormente a Cisneros se le concedieron tierras y propiedades en el Valle del Tuy llegando incluso con el tiempo a ejercer cargos de poder en la región. Sin embargo, muchas veces se salía de las normas y de la legalidad y volvía a sus andanzas, afirmaba que su pacto era con el General Páez, no con las leyes de una República en la cual no creía. Cansadas las autoridades competentes de la conducta de Dionisio Cisneros, se le detuvo y se le sometió a consejo de guerra en Villa de Cura y fue fusilado en enero de 1847 acusado de insubordinación y traición a la patria.


El impacto de la figura de Dionisio Cisneros en el Tuy, ha sido maximizada a lo largo del tiempo por la fábula y las leyendas, aún están presentes en la región, los cuentos de los ancianos que asocian a Cisneros como el padre de Mauricio (un muy nombrado encanto del Tuy), o con una inmensa fortuna enterrada en el pueblo de la Magdalena donde algunas personas que viven en esta zona montañosa, cuentan que en noches de verano, cerca de Semana Santa, se ven luces que se expanden y se cierran en el horizonte, también relatan algunos vecinos de esta zona, que se oyen gritos desgarradores pidiendo auxilio. Algunos moradores de los valles del Tuy creen que este tesoro se halla en el cerro del Lagartijo o en el llamado Cerro el Amarillo, ubicado en el municipio Paz Castillo, cuya parte más alta aún hoy se le conoce con el nombre de “El Alto de Cisneros". No faltan quienes piensan que en este lugar, Cisneros tenía ubicado el principal y más seguro de sus campamentos.
     
Cierto es que, no todo fue fábula o leyenda, y que aún en las narraciones hechas por los ancianos, referentes a la conducta de Cisneros, al ser escuchadas, se puede percibir en las expresiones de los nuevos burgueses y terratenientes de Venezuela el terror y  la casi certeza de que en algún momento de la narración puede emerger de la selva de Guatopo ese indio alto, de cara enérgica y ojos penetrantes, con su ejercito de indios, mulatos y zambos a enfrentarlos nuevamente en una lucha de clases entre el rico hacendado y el campesino desposeído.